Y el gran día llegó: Primer día de nido!


Al fin llegó el día en el que mi bebita empezó el nido! Creo que para mí, como mamá gallina, fue más difícil que para Emma #uglytruth. 

Todo empezó así.. la llevé de la manito a su salón de clases, ella cargando su mochila de Peppa, cogiendo su lonchera, toda peinadita y bien vestida para ese gran acontecimiento. Cuando entramos, ella estaba tímida y con un poco de miedo. La profesora y las auxiliares la saludaron, yo pensé que nunca iba a poder salir del salón, ella estaba temerosa y pegada a mí como chicle. Al pasar media hora de juego, empezaron a cantar, Emma se separó de mí, cantaba y jugaba con los demás niños y yo pude dejarla.

No lo creía, la miraba por el vidrio de la puerta, ella no me buscaba, sonreía y participaba de la clase. Yo estaba asombrada y me entró una mezcla de sentimientos, estaba feliz y emocionada por su independencia, pero también triste, porque mi pequeñita en ese momento no me necesitaba.

En el nido donde va Emma dejan que el proceso de adaptación sea de acuerdo a cada niño. La madre lo acompaña hasta que se sienta listo y seguro para quedarse solito. Este fue el motivo por el que escogí ese nido, pues hay otros centros que no dejan que la mami esté ahí, generando miedos en el pequeño y cogiendo así traumas e inseguridades.

En los primeros días, hacen que la mamá o cuidador se quede afuerita en un espacio destinado para espera. Cuando el niño empieza a llamar al adulto lo distraen, si se olvida todo bien, sino, llaman a la persona encargada para que aparezca y el bebé se dé cuenta que no está “solo”. Las profesoras no quieren que bajo ningún motivo el niño llore, pues eso es contraproducente para que se quiera quedar posteriormente.

Para que me puedan entender les contaré lo que he venido “trabajando” en conjunto con Emma, en primer lugar, esa independencia de mi bebé la atribuyo a sus clases de estimulación, pues yo la empecé a llevar desde los 9 meses. Ella iba conmigo y a la vez se empezaba a acostumbrar a estar rodeada de otros niños y de las profesoras. Preferí matricularla en un nido que haga estimulación temprana, para que a Emma se le vaya haciendo familiar el espacio y la gente cuando empiece el nido después.

Cuando Emma cumplió el año y medio, entró a un programa de “Pre nido” por así llamarlo. Estas clases duran una hora y media, los niños van con sus padres o cuidadores y hacen trabajitos, se sientan a tomar la lonchera para irse adaptando a ese proceso del nido y se vuelva algo familiar.

Pasaron cuatro meses y ahora empezó el “Summer School”, la ventaja de estas clases es que duran 3 horas al día por solo 3 días de la semana, así el pequeño ya se siente familiarizado en un ambiente lúdico, pues hacen actividades divertidas como football, piscina, mini chef y arte durante enero y febrero. En marzo ya comenzaría las clases regulares del año, ahí ya son 5 días a la semana durante 4 horas con sus mismos compañeritos, el mismo espacio y las misses.

Como verán, yo lo hice de manera gradual: estimulación temprana, mini nido, summer school y clases regulares. Les aconsejo que empiecen desde estimulación temprana, procuren meter a sus bebés a centros que tengan estimulación y nido a la vez y de esta forma, sus hijos se van a ir acostumbrando al ambiente y no les va a ser difícil cuando pasen al nido.

Además, pregunten en los nidos cómo hacen para el proceso de adaptación, ya que es mejor que sea lo menos traumático posible, los niños no tienen por qué sufrir. Finalmente, no nos mostremos inseguras frente a nuestros pequeños, por dentro yo me moría de pena y nervios, pero trataba de mostrarme relax con Emma para que ella se sienta tranquila, explícale a tu pequeño que ya está grande, que va a conocer nuevos amigos y que va a jugar mucho en el nido para que se entusiasme con la idea.

Happy Blogging!

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