Dejémoslos ser y no los etiquetemos más!


Como padres, queremos muchas cosas para el futuro de nuestros hijos, tenemos muchas expectativas puestas en ellos. Esperamos que sean como nosotros quisiéramos. Es verdad, hasta cierta edad los vestimos como deseamos, les compramos los que nos parece y le vamos ofreciendo distintas oportunidades que ayuden en su desarrollo y en su pleno desenvolvimiento.

Pero ¿hasta qué punto y hasta cuándo es bueno influir demasiado sobre ellos? Hace un rato, mientras bañaba a Emma, ella me decía que podía desvestirse solita. Me pareció loco, porque normalmente yo lo hago y es al toque, pero cuando me dijo “Yo puedo solita mamá”, me di cuenta de muchas cosas.

La primera, es que es más grande. Su psicomotricidad fina se está desarrollando a tal punto, que es capaz de sacarse los zapatos, las medias, bajarse el pantalón y eso me sorprende, me hace sentir orgullosa de mi pequeña que está creciendo. Otra cosa que logré notar, es que yo tengo que hacer a mi hija más independiente. Ya está eligiendo las cosas que desea ponerse, si me dice “yo me peino” dejarla, así yo sepa que podría estar haciendo un desastre.

Pero una cosa que logré percatarme y esto si me dejó pensando, es que no debo darle adjetivos a mi hija, ni que sean positivos, ni negativos. “Eres ordenada”, “Qué traviesa”, “Qué inteligente”, “Qué graciosa”, “Qué tímida”, y aquí viene el kit del asunto, por qué no debemos decirles adjetivos, es decir, ponerles etiquetas.

  1. Nuestros niños son como un papel en blanco, vienen al mundo a aprender por “Ensayo y error”, ellos se deben “ir haciendo” de acuerdo a las experiencias significativas que los adultos les vamos propiciando.
  2. Al ponerles etiquetas, ellos las van a asumir como si fueran su nombre, se las van a grabar bien en la mente y van a actuar de acuerdo a ellas. (Mi mamá me dice que soy travieso, pues “juacate” entonces hago más travesuras de lo normal).
  3. Si los etiquetamos súper positivamente, vamos a generar muchas frustraciones en ellos, pues como mi hijo es “inteligentísimo, recontra mosca, se las sabe todas”, el día que se equivoque, va a frustrarse, pues no cumplió al llenar las expectativas de los padres.

 

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Como vemos, las etiquetas son un arma de doble filo, podríamos bajar la autoestima de nuestros hijos. “Ay, qué lindo mi gordito, mi rechonchito, mi cachetoncito”, y después tenemos hijos con desórdenes alimenticios; o como “Mi brillante hijo, es lo máximo, el primero en su salón, la rompe”, generando personas que más adelante se frustren rápido, se depriman, porque no supieron llegar a lo que se habían trazado.

Lo único que debemos hacer como padres, es transmitirles seguridad, que elijan lo que mejor les parezca, dándole previamente las herramientas para que puedan discernir, acompañarlos en cada paso que den, siempre haciéndoles notar que somos humanos, que nos podemos equivocar, que las cosas tienen solución y que el mundo no se nos va a venir encima y finalmente, decirles lo que sentimos sobre ellos, que los amamos, que estamos orgullosos, que confiamos en ellos.

Dejé elegir a Emma su ropa, hizo una combinación que no es la que elegiría, se despeinó, mejor dicho, se peinó, tomó agua y se le cayó encima de la ropa, se puso los zapatos al revés, y ya no le digo nada, su cara de felicidad al notar que puede hacer muchas cosas, que es útil, me bastan para decirle que estoy muy contenta y qué lindo lo hace y que la amo a pesar de todo.

OJO, también es bueno hacerles notar cuando han hecho algo que no deben, conversarle, preguntarles qué pasó, por qué pasó, que ellos logren darse cuenta y se responsabilicen de sus actos, pero sin decirles que son torpes, que lo hacen mal, etc.

Happy Blogging!

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