Cuando surgen discrepancias…


Es normal que tengamos momentos de discusión con quienes convivimos. No siempre vamos a estar en acuerdo con todos los puntos de vista. Es ahí donde surgen las discusiones entre las personas. En las familias, los papás pueden tener discusiones constantemente.
La crianza es una gran responsabilidad, siempre hay que utilizar técnicas para que de resultados, a esto se le suma el cansancio por las malas noches, situaciones difíciles en el trabajo, responsabilidades económicas y las opiniones de los demás familiares y amigos, que si bien quieren ayudarnos, a veces podrían generar algún malestar.
Con todo este bagaje de cosas, tenemos como resultado padres cansados, padres preocupados que están con la sensibilidad a flor de piel y las posibilidades de riñas pueden ser, por lo tanto, mucho mayores y constantes.
Las discusiones o llamadas peleas entre los papás, pueden ser muy comunes y recurrentes, pues es parte de la convivencia, no todo es alegría y felicidad, también hay momentos tensos y difíciles. Lo importante es saber manejarlos, porque hay espectadores en primera fila que son nuestros hijos.
Lo ideal sería no discutir en frente de los pequeños, esperar un momento a solas y en tranquilidad para lanzar los puntos de vista y que se llegue a algún acuerdo. Pero ¿qué pasa cuando la discusión se da en frente de los hijos?
No es malo que surjan estos desacuerdos en frente de nuestros pequeños, lo importante es mantener la calma, dialogar sin que hayan exabruptos, ni ofuscaciones, nadie debe ofender a nadie y no dejar las cosas así sin alguna solución. Ese es el momento preciso para explicarle a nuestros hijos que no siempre uno está de acuerdo con el otro, pero que es bueno conversar y llegar a algo en común.
Nuestros pequeños deben ver que después de cada discusión siempre deben estar las respectivas disculpas, que cada uno debe pedir perdón y disculparse y quedar en forma amigable. Mientras estos desacuerdos se den, no son malos, siempre y cuando el niño no presencie violencia y vea que después existe la reconciliación.
El niño va a entender que es parte de la convivencia y que cuando él tenga sus discrepancias con otros compañeros o con sus hermanos, va a saber cómo actuar para que se solucionen. Con el ejemplo se les puede enseñar claramente que “si bien no estoy a favor del otro, debo respetar su parecer y también exponer el mío sin atropellar a nadie”.
Gracias a estos buenos ejemplos, el niño va a aprender a reconocer sus errores, a pedir perdón y darse cuenta que nos podemos equivocar y que somos seres humanos. La humildad es una fortaleza que siempre debe ser desarrollada en el pequeño.
Otra gran virtud que podemos inculcar en estos momentos, es la empatía, pues debemos enseñar al pequeño a ponerse en los zapatos del otro, que si pasa alguna confrontación, puede ser que el otro tenga un problema y que por eso no está bien, está más sensible y está molesto.
Además, los niños van a aprender a respetar a las personas. Todos son importantes e iguales, nadie es más que el otro y no tengo derecho de gritarle, burlarme, insultar o llegar a agredir a nadie. Eso definitivamente NUNCA debe estar permitido. La violencia JAMÁS puede ser aceptada bajo ninguna circunstancia.
Recuerden que nuestros hijos están en pleno aprendizaje, están aprendiendo a socializar, es con el ejemplo que ellos captan mejor las cosas. Si ven que sus papás saben mantener discusiones y diálogos de manera alturada, ellos van a saber manejar sus propias discusiones, desarrollando una inteligencia emocional adecuada.
La vida no es color de rosa y las familias perfectas tipo Familia Ingalls, no existen, somos seres humanos, tenemos nuestros problemas, distintas maneras de pensar y sentimientos.

Happy Blogging!

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