Cuando nuestros hijos se enferman…. días de terror.


Esta semana fue bien difícil para mí y para mi pequeña, pues se me enfermó. Se contagió y tuvo un virus estomacal, por lo tanto, las diarreas y vómitos estuvieron a la orden del día. Al principio tuvo fiebre y vómitos, luego de dos días, se asomaron las diarreas.

Me dio mucha pena ver a mi pequeñita toda descompuesta, sin apetito, ojerosa y débil. El piso era su lugar favorito y lo único que me decía era que le dolía el estómago. Tenía otros momentos más duros, en el que solo quería que la tuviera cargada y yo caminando por la casa.

No quería que yo hablara con alguien, fui su rehén, no me podía mover ni un segundo de la habitación. Estuve cinco días encerrada en casa con Emma. Para nosotras como mamás, es muy duro ver a nuestros hijos sufriendo y queremos que nos pasen ese dolor para que ellos no lo sientan más. Es más, yo soy hipocondriaca, si a Emma le duele la barriga, a mí también me duele.

Por otro lado, con justa razón, se engríen y retroceden un poco. Emma me decía que era bebé y solamente decía “ba ba ba”. De pronto, no sabía hacer nada, sacarse la ropa, abrir y cerrar envases, no sabía tomar líquidos, etc. Jugaba con un juguete y a los tres segundos, lo tiraba al piso y sacaba otro, y así seguía en ese plan.

Además, todos los planes que uno tiene, se ven truncados, porque se paralizan por la enfermedad. Esta era su última semana de vacaciones y había pensado sacarla a pasear y a jugar, pero terminaron en la casa, para ser más específicos, en nuestro baño.

Niña enferma 2-1

Tenemos que estar alertas en todo momento a su condición: si tienen fiebre, frío, si tienen ganas de vomitar, si quieren volar al baño por una diarrea, etc. Además, tenemos que controlar los medicamentos: cuáles darles, en qué momento, qué cantidad. Es por eso que debemos ser tolerantes y pacientes a los requerimientos de los niños: cuando se quejan, cuando lloran, cuando piden ser cargados.

Es bien tedioso, una como mamá a tiempo completo, termina súper exhausta física y emocionalmente. Me saco el sombrero por esas mamás que trabajan, pues deben dividirse entre las responsabilidades de sus empleos y la de sus hijos, llamando a casa constantemente para ver cómo están sus hijos. En verdad, las admiro!

No me voy sin antes dejarles unos humildes tips: Nunca automediquen a sus niños, siempre consulten con sus doctores para que ellos los revisen y les den el diagnóstico correcto y los remedios necesarios. Si ven que el estado de sus pequeños no es tan grave y cuentan con un seguro privado, pueden llamar al pediatra a domicilio, en mi caso, fue lo máximo, porque no la tuve que sacar de noche de la casa, la doctora nos visitó, Emma estaba en pijama con sus juguetes y fue menos traumático.

Finalmente, tengan mucha paciencia. Es muy difícil, una quiere salir corriendo sin mirar atrás, sobre todo por el geniecito y los malos tratos que vamos a recibir por parte de nuestros pequeños, pero entiendan que es pasajero, que el malestar se va a ir pronto y es el momento preciso para hablarles y explicarles que por más que uno se sienta mal, no deben de tratar mal a la mamá y a las personas que con tanto cariño los cuida.

Gracias al cielo, mi pequeña ya está casi casi curada, soy consciente que muchas más enfermedades van a venir por delante, pero es en esos momentos difíciles cuando vamos conociendo más a nuestros pequeños y sobre todo, vamos conociéndonos más como padres. Vamos aprendiendo de nuestros errores y nos damos cuenta de lo que somos capaces por las personas que más queremos en este mundo.

Happy Blogging!

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